No se trata de Israel [22/01/2007] Algunos consideran que el conflicto israelí-palestino es la raíz de todos los problemas del Medio Oriente. Pero la realidad es otra.
No se trata de Israel
Por David Harris (Jewish World Homepage – 8 /1/2007)
Algunas voces de la comunidad internacional han identificado recientemente el conflicto israelí-palestino como la raíz de muchos de los problemas del Medio Oriente. El Primer Ministro británico Tony Blair y el Secretario General saliente de las Naciones Unidas, Kofi Annan, son algunas de las más prominentes.
En su artículo “Una lucha por valores globales”, (Foreign Affairs, enero/febrero 2007), Tony Blair reitera lo que expresó en declaraciones públicas previas: “¿Cómo podemos traer paz al Medio Oriente si no resolvemos la cuestión de Israel y Palestina?” Lograr la paz, continúa, “no solamente silenciará el llamado a las armas del Islam reaccionario, sino que socavará fatalmente su ideología básica”.
Kofi Annan dijo el 12 de diciembre, al dirigirse al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: “El conflicto israelí-palestino no es un mero conflicto regional entre otros muchos. Ningún otro conflicto tiene una carga simbólica y emocional tan fuerte incluso para gente alejada (del mismo)”.
Es verdad, una paz genuina entre Israel y los palestinos eliminaría uno de los conflictos de más larga data en el Medio Oriente. Más aún, para reiterar lo dolorosamente obvio, la paz serviría a los mejores intereses de los propios involucrados. Pero sugerir, como el Primer Ministro Blair lo hace en particular, que un arreglo tal es una precondición necesaria para la paz en el Medio Oriente y que detendría al Islam radical, no es algo apoyado por los hechos.
Asumamos por un instante que Israel no existiera, la trama básica de la mayor parte de los conflictos recientes del Medio Oriente ¿habría cambiado?
Irak e Irán, ¿habrían elegido no enfrentarse en una guerra de ocho años que costó más de un millón de muertos? ¿Irak, habría decidido no invadir Kuwait en 1990? ¿Habría reconsiderado el uso de armas químicas contra su propia población kurda y contra Irán?
¿Siria se habría abstenido de masacrar a más de diez mil de sus propios ciudadanos en Hama, en 1982? ¿Se habría retirado Siria del Líbano, tal como fue reclamado por múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad?
¿Arabia Saudita habría dejado de exportar su modelo Wahhabi del Islam, con su visión del mundo doctrinaria y estrecha y su rechazo a los no musulmanes -los infieles, como los llaman- del mundo? ¿Al Qaeda no habría atacado a los Estados Unidos en 2001, dado que - debería recordarse- el tema israelí-palestino no fue siquiera mencionado entre los principales “agravios” de Osama bin Laden?
¿Desaparecería mágicamente el peligro que representa la Hermandad Musulmana en Egipto y Jordania si el factor Israel no existiera? ¿Irán abandonaría sus ambiciones hegemónicas en la región? ¿La brecha entre chiítas y sunnitas, con sus profundas ramificaciones políticas y estratégicas, se habría evaporado en el aire? ¿El gobierno sudanés habría detenido su confabulación con las milicias árabes Janjaweed y habría frenado el asesinato y los traslados masivos en Darfur?
¿Se habrían aliviado repentinamente la terrible pobreza y el analfabetismo generalizado que aguan toda esperanza y crean un terreno fértil para el reclutamiento en los movimientos islámicos radicales? ¿Las mujeres sauditas tendrían instantáneamente derecho a manejar automóviles, los no musulmanes tendrían finalmente los mismos derechos que los musulmanes en todos esos países árabes donde el Islam es la religión oficial, y los Bahai ya no serían perseguidos por el gobierno iraní?
En realidad, los factores desestabilizantes en el Medio Oriente son mucho más profundos que el conflicto palestino-israelí. Llama la atención que mientras la mayoría de los líderes políticos occidentales se cuidan en sus expresiones los valientes autores del “Informe Anual del Desarrollo Humano Arabe” no lo hacen. Ellos se refieren a tres factores primordiales que explican las condiciones insatisfactorias de la región: Falta de acceso al conocimiento, discriminación de género y carencia de libertad.
A menos que estas tres áreas sean atendidas en forma sustancial, el Medio Oriente, que debería ser una de las regiones del mundo más dinámicas, seguramente continúe sufriendo de inestabilidad, violencia y fundamentalismo, con independencia de lo que suceda en el frente israelí-palestino.
Considérese algunos de las importantes conclusiones del “Informe de Desarrollo Humano Arabe” y estudios relacionados:
- El número total de libros traducidos al árabe en los últimos mil años es menor que el de los traducidos en España en un solo año.
- Grecia, con una población de menos de 11 millones de personas, traduce al griego, anualmente, cinco veces más libros del exterior que el total de los 22 países árabes combinados, con una población de más de 300 millones, traduce al árabe.
- Según un informe del Consejo de Relaciones Exteriores del 2002: “En los años 1950, el ingreso per cápita en Egipto era similar al de Corea del Sur; hoy en día el ingreso per cápita de Egipto es menor que el 20% del ingreso en Corea del Sur. Arabia Saudita tenía un producto bruto interno algo mayor que el de Taiwán en los años 1950, hoy es alrededor del 50% del de Taiwán.”
Como ha notado el Dr. A. B. Zahlan, un físico palestino, “en la raíz de del fracaso del mundo árabe de patrocinar investigación científica o de sostener una comunidad de científicos vibrante e innovadora se encuentra una cultura política retrógrada”. Más adelante afirmó que “Egipto, en 1950, tenía más ingenieros que China”. Eso difícilmente sea el caso hoy en día.
De acuerdo a un Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 2005, en ese año en Egipto fueron otorgadas dos patentes por millón de personas (en Siria la cifra fue cero), comparado con 30 en Grecia y 35 en Israel.
En el informe de Naciones Unidas de 2005 la tasa de alfabetismo de las mujeres de 15 años o más era del 43,6% en Egipto y del 74% en Siria, mientras en los países en los primeros 20 lugares era de casi el 100%.
Y finalmente, de acuerdo a la clasificación actual de la Freedom House (organización no gubernamental que apoya la expansión de la libertad en el mundo), el único país del Medio Oriente listado como “libre” es Israel. Los países árabes figuran como “parcialmente libres” en los mejores casos, o en los peores, “sin libertades”.
La triste verdad es que son precisamente la opresión política, la asfixia intelectual y la discriminación sexual, los factores que explican, más que otros, las dificultades crónicas del Medio Oriente.
Por supuesto, no existen para estas enfermedades un remedio fácil o una solución de la noche a la mañana que puedan permitir a la región liberar su vasto potencial, pero están en el corazón del problema. Sería ilusorio pensar de otra manera. |