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Los antisionistas y la paz imposible
[09/01/2007]

Un artículo sobre Israel, sus vecinos y la paz, escrito por David Matas en Canadá, y referido a dicho país, pero con vigencia general.

 

David Matas

Globe and Mail, 4 de enero de 2007

 

David Matas es consejero honorario de B’nai B’rith, Canadá.  Su último libro es “Aftershock: Anti-Zionism and Antisemitism”. El artículo a continuación fue publicado el 4 de enero pasado en www.globeandmail.com

 

El anhelo de paz en la Tierra lleva fácilmente a crearse ilusiones,  pero las ilusiones no traen la paz.

 

Los interminables ataques antisionistas a Israel han producido muchas falsas esperanzas. El único camino verdadero hacia la paz entre Israel y sus vecinos es la solución de dos estados, aceptación de la existencia de Israel y creación de un estado palestino separado al lado de Israel. Pero es una solución que los antisionistas continuamente desdeñan. Ellos desean la destrucción de Israel y su absorción en un estado árabe musulmán mayor, lo que eufemísticamente es llamado la solución de un estado único.

 

Los antisionistas promueven su causa propagando cargos falsos contra Israel para desacreditar y deslegitimar al Estado judío. Quienes albergan falsas ilusiones ignoran el antisemitismo latente en el fondo de la crítica antisionista  y fantasean creyendo que, si Israel actuara según dicen los antisionistas, la solución de dos estados estaría al alcance de la mano.

 

Ese mundo de fantasía tiene muchas construcciones imaginarias; una de ellas es que los palestinos que apoyan a los antisionistas no desean destruir a Israel. Mary Corkery de KAIROS y Etienne De Jonghe de Pax Christi International lo afirmaron en una carta al “Globe and Mail” del 22 de diciembre pasado. Escribieron que los palestinos que votaron por la organización terrorista antisionista Hamás en las elecciones palestinas de enero pasado “no votaron destruir a Israel, ni lo desean”. Los autores no explican cómo saben que los palestinos querían algo distinto a la plataforma del partido por el cual votaron.

 

Pero incluso si tuvieran razón, ¿qué diferencia práctica supondría? Hamás forma ahora el gobierno de la Autoridad Palestina. Presumiblemente algunos – y uno esperaría que muchos – de los alemanes que votaron por los nazis en 1933 no votaron por Auschwitz. La reacción de Canadá a la Autoridad Palestina debe estar basada en la política de su gobierno, no en ilusiones sobre lo que Canadá preferiría que fuera dicha política.

 

Una segunda fantasía es que Israel es un estado con apartheid y que la paz sería alcanzable si Israel dejara su política de apartheid.  Esta fantasía está ejemplificada en la ignominiosa publicación del ganador del Premio Nóbel de la Paz Jimmy Carter “Palestine: Peace Not Apartheid”  recientemente aparecida.

 

Pues bien, fundamental para el apartheid, el régimen legal de Sudáfrica hasta 1994, era la desnacionalización de los negros porque eran negros y su expulsión forzada a territorios semiautónomos creados por el estado. Israel no ha retirado la ciudadanía de ningún ciudadano israelí sobre la base de su origen étnico palestino, ni ha expulsado por la fuerza a persona alguna a ningún territorio designado especialmente para palestinos étnicos.

 

El Centro de Monitoreo de la Unión Europea define el antisemitismo de forma que incluye “alegar que la existencia del Estado de Israel es una empresa racista”. Aunque el Sr. Carter termina en un destino equivocado, comienza de un punto razonable, comprensión por la situación apremiante de los palestinos. Donde se pierde es cuando se niega a hacer responsables a los palestinos de su sufrimiento, rechazando la realidad de que es una consecuencia auto infligida de su propio antisionismo. Etiquetar a Israel como estado apartheid es un intento de justificar o excusar el continuo rechazo palestino a aceptar paz con Israel.

 

En Israel hay una enérgica discusión sobre si un retiro unilateral de los israelíes de la Ribera Occidental podría disminuir los ataques antisionistas contra los israelíes. Pero la noción de que un paso tal pueda llevar a una paz completa entre Israel y sus vecinos pertenece al reino de la fantasía.

 

El Consejo Mundial de Iglesias proporciona un buen ejemplo a dicha fantasía. Justo antes de Navidad el Consejo Mundial de Iglesias incentivó a sus miembros a vender sus inversiones en compañías que se benefician del control israelí en la Ribera Occidental y en la Franja de Gaza. Justificó el llamado como una de las “cosas que hacen a la paz” y dijo “la ocupación está en el centro del ciclo de violencia en la región.”

 

Albert Einstein definió como locura el hacer una y otra vez lo mismo y esperar resultados diferentes. La posición del Consejo Mundial de Iglesias se ajusta en dicha descripción.

 

Israel se retiró del Líbano. Pero el resultado no fue la paz con el Líbano. Más bien resultó en el crecimiento de la organización terrorista Hezbollah y en ataques masivos con cohetes desde el Líbano dirigidos contra centros civiles dentro de Israel.

 

Israel se retiró de Gaza. Pero el resultado no fue el progreso hacia la paz con los palestinos. Más bien, fue la elección de Hamás y los ataques con cohetes desde Gaza contra centros civiles dentro de  Israel.

 

Los antisionistas están contra la existencia de Israel, punto. El control israelí de la Ribera Occidental es un mazo con el cual golpear a los israelíes. Pero si no existiera, encontrarían otro. En realidad han encontrado muchos otros.

 

Demasiadas personas han dejado que su esperanza de paz en la Tierra los lleven por el sendero equivocado. La paz en el Medio Oriente no vendrá tan fácilmente, sólo con pretender que los cargos que los antisionistas fabrican contra Israel son reales. Por el contrario, cuando las personas que albergan falsas ilusiones se hacen eco y refuerzan la guerra propagandística antisionista, hacen sonar aún más fuerte los tambores de guerra.

 

Nota: El subrayado es nuestro.

 

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