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Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias
[4/12/2007]

Palabras del escritor israelí Amos Oz al recibir el Premio Príncipe de Asturias el 26/10/2007

La mujer de la ventana


Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los  enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la  oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego  volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.


Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más  secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es  una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus  estancias más íntimas.


Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en  una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y  ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y  seguirás tu camino.


Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana,  sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de  su cabeza.


Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de  otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al  dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus  alegrías familiares, en sus sueños.


Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo  que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la  capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el  fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en  un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también  en una persona más humana.


Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de  nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar  realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos.  Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad.


Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el  pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido  víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la  humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones,  discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del  pueblo judío.


Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo  perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas.  Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida  real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor.  Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse  necesariamente. Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la  imagen del cruel progenitor.


Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente  Medio: mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados,  la nueva reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven  en los árabes la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los responsables de los pogroms y los nazis.


 Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la  solución del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo  acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar  afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen  por qué seguir eligiendo entre ser pro-israelíes o pro-palestinos.  Deben estar a favor de la paz.


La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede  ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz  entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más  acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.

 

Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese  acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la  otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza.


No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el  mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los  mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de  todas las ventanas necesitan urgentemente la paz.


Quiero agradecer a los miembros del jurado del premio Príncipe de  Asturias que me hayan otorgado este maravilloso Premio. Muchas gracias  y mis mejores deseos a todos ustedes. Shalom u-brajá.


 
Traducción del hebreo de Raquel García Lozano

 

 

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