Deir Yassin: La verdad y la mentira [30/4/2008] Artículo del Dr. Nahum Bergstein, ex legislador y Premio Jerusalem aparecido en el diario La República del 22/4/2009
Cuando de hechos se trata, siempre existe una verdad objetiva más allá del color del prisma a través de la cual se la quiera ver. Si bien en el conflicto entre Israel y sus enemigos no somos para nada neutrales, ello no va en desmedro de nuestro mayor empeño a la hora de desentrañar la verdad de los hechos. Esto viene a propósito del artículo de Suhail Hani Daher Akel, "Deir Yassin, sin olvido ni perdón" publicado el día 15 en LA REPUBLICA para cuya respuesta nos atendremos al esquema propuesto por Rodó, quien distinguía el oficio del periodista ("diarista" si fuéramos textuales) entre la información y el comentario.
I Hechos. ( Fuentes utilizadas : "Oh! Jerusalem" de Lapierre y Collins, pág 301 y ss; "History Upside Down" de Meir-Levi, pág 70 y ss; "Le Totalitarisme islamiste a l´assault des democraties" de Del Valle, pág 100 y ss; Documentación de profesores de la Universidad Beir Zeit de Ramallah citada por Meir-Levi pág 72; "Historia de los Judíos" de Johnson, pág 530-31; " The case for Israel" de Dershowitz, pág 81-82; y Conferencia del miembro del Comité Central del Fatah, Sakhek Habash)
Un contingente de soldados iraquíes se instaló en el pueblo árabe Deir Yassin el 13 de marzo de 1948 intentando cortar la carretera entre Jerusalem y Tel Aviv. En la madrugada del 9 de abril, dos grupos paramilitares judíos, inexperientes en este tipo de combate, el "Irgun" y el "Stern" unos 120 hombres en total se acercaron por el norte y el sur.
Querían desalojar a los iraquíes y al mismo tiempo lograr un resonante triunfo.
Agazapados en las afueras de Deir Yassin y a pesar de que los guardias del pueblo ya habían dado la alarma, no atacaron a la espera de un blindado munido de un altavoz exigencia expresa de Beguin, el jefe de Irgun para dar a los aldeanos la oportunidad de rendirse o retirarse.
Pero en la oscuridad de la noche, el vehículo cayó en una zanja y muchos no escucharon la advertencia. Aún así, más del 75 % de los pobladores pudieron huir.
Entonces, comenzó la batalla.
Los atacantes encontraron una inesperada resistencia. Recibían nutrido fuego de los pobladores y algo a primera vista incomprensible de mujeres que en realidad eran soldados iraquíes que, debajo del amplio chador, ocultaban sus armas.
La lucha duró dos horas. El caos desatado generó una especie de histeria colectiva y muchos civiles cayeron bajo el fuego cruzado.
Las bajas árabes, incluyendo los soldados iraquíes fueron 120 y las judías 40 (cifras aproximadas).
Los primeros testimonios de los pobladores sobrevivientes se referían a horribles masacres, pero recientes estudios de historiadores árabes de la Universidad Beir Zeit de Ramallah admitieron que no hubo tal masacre sino un conflicto militar confuso en el que murieron muchos civiles.
Sin embargo, en los días y semanas subsiguientes, las exageraciones de los voceros árabes adquirieron mayor voltaje invocando todo tipo de brutalidades y, en los primeros meses, estas versiones cundieron como un reguero de pólvora y convencieron a muchos árabes de que era necesario huir.
No hay pruebas de que se tratara de un plan destinado a producir este efecto pero, con el correr del tiempo, los campamentos de refugiados y la prohibición impuesta a los refugiados de integrarse a los países donde estaban emplazados los campamentos, se constituyó en una herramienta política vigente hasta el día de hoy.
En un documental filmado por la PBS en 1993 y reeditado en 2000, fueron entrevistados sobrevivientes de Deir Yassin quienes dijeron que le pidieron a Hussein Khalidi, director de la emisora radial "Voz de Palestina", que suprimiera relatos de atrocidades que nunca ocurrieron, y éste replicó que debía capitalizarse esta gran oportunidad. Es así que Deir Yassin se convirtió en el emblema de la "crueldad" judía, del cual se nutren antisemitas del mundo entero.
La Agencia Judía, órgano representativo del establishment judío, y su brazo militar, el Hagana, que fue la base de la creación del ejército, apenas creado el Estado de Israel, un mes más tarde condenaron los hechos y enviaron una carta de disculpa a Abdullah, rey de Jordania.
El Hagana no participó del ataque. Había suministrado armas al Irgun que se suponía y así habían acordado previamente serían usadas en la batalla de Castel.
El 13 de abril, o sea cuatro días más tarde, tuvo lugar la represalia árabe, meticulosamente planeada.
Si alguien cree que atacaron a algún miembro del Irgun o del Stern, se equivoca.
Planearon una emboscada a un convoy humanitario que se dirigía al hospital Hadassah de Jerusalem.
Fueron asesinados 70 médicos, nurses, y enfermos, todos ellos no combatientes y, para asegurarse que no quedaran sobrevivientes, rociaron los ómnibus con gasolina y convirtieron a sus ocupantes en piras humanas. Así de sencillo.
Hasta aquí los hechos.
II Comentarios.
A medida que las armas aumentan sus efectos mortíferos y proliferan los conflictos bélicos no convencionales, se incrementan las bajas de civiles, a pesar de los intentos de varios países occidentales, y de Israel en particular, para limitar los daños colaterales.
A despecho de la propaganda palestina, más de una vez estos esfuerzos se ven premiados.
Pero para la dirigencia del Hamas y del terrorismo islámico, como hasta no hace mucho para El Fatah, la matanza de civiles no es un daño colateral sino el objetivo central. No debilita militarmente al enemigo pero, como expresa Bernard Lewis, obtiene publicidad e inspira miedo.
Miles de atentados árabes y palestinos consumados o abortados antes y después de Der Yassin a lo largo y a lo ancho del mundo, dirigidos contra niños, liceales, trabajadores, acampantes, turistas, atletas, pasajeros de aviones, feligreses, embajadores, activistas comunitarios, cuyo común denominador consiste en que sus víctimas son mayormente judías, podrían sumergir en el olvido el combate de Deir Yassin.
Sin embargo, son los judíos quienes no aceptan el olvido porque se rigen por un standard moral muy diferente al del Islam. Para un judío el espectáculo de judíos matando es altamente perturbador, obsesionados como están por la santidad de la vida y el código de conducta que significa el judaísmo en sí mismo. Por controvertido que fuere el ataque de Der Yassin acaecido hace 60 años, que quizás parezca un hecho menor y por cierto aislado en el mar de sangre y sufrimiento desatado por los árabes, somos nosotros los judíos quienes nos sentimos compelidos a evocar a Der Yassin, un alerta a nosotros mismos, sin necesidad de los recordatorios de Akel y sus correligionarios, que rezuman mentira y odio por todos los poros. |