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Ahmadinejad, Netaniahu y mi hermana
[16/6/2009]

Artículo del Dr. David Breakstone, Jefe del Departamento de Actividades Sionistas de la Organización Sionista Mundial

En vísperas del 61 aniversario de la independencia de Israel, descubrí que Mahmoud Ahmadinejad, Benjamín Netaniahu y mi hermana tienen algo en común. A todos ellos les pareció oportuno referirse al tema de la idea sionista. Escribo esto para agradecerles personalmente por haberse tomado el trabajo de recordarme que lo que celebramos no es algo que se pueda dar por sentado.

 

Por supuesto, cada uno de ellos tiene una perspectiva diferente sobre el tema. El presidente de Irán niega la misma legitimidad de un Estado Judío; el Primer Ministro de Israel insiste en que sea explícitamente reconocido por nuestros enemigos, mientras que mi hermana solo quiere saber de qué estamos hablando. Voy a dejar que otros aborden los más fáciles desafíos propuestos por el Presidente y el Primer Ministro, en cambio voy a enfrentar el más difícil, planteado por alguien que me ama pero que no comprende totalmente qué  estoy haciendo aquí.

 

-Un lugar en que los judíos puedan vivir con tranquilidad, eso lo entiendo- me dijo durante mi reciente visita a los Estados Unidos, - ¿pero un Estado Judío, cómo puede ser judío un Estado?

 

Detrás de la pregunta percibí cierta incomodidad.

 

- Si a lo que tú te refieres con “Estado judío” es lo que yo creo, entonces inevitablemente será un Estado que oprima, o que por lo menos aparte, a quienquiera que no sea judío. ¿Cómo te sentirías si la gente empezara a llamar a los Estados Unidos un “país cristiano”?  

 

Pensando que debía haber mucho a los que les gustaría esta idea, puse en Google “Christian America”, y me aparecieron 31 millones cien mil resultados. Pero como ni ella ni yo nos alegraríamos con esa posibilidad, preferí no ignorar la naturaleza problemática de su pregunta. En lugar de eso presento acá el resto de una conversación que no tuvo lugar.

 

- El problema es que cuando tú dices “judío” estás pensando en religión - empecé. Cuando yo lo digo pienso en cultura, valores, mitología, nacionalidad e historia. Puesto así no deberías tener más problema en aceptar que un país sea judío de lo que aceptas que sea chino o americano.

 

-¿La religión no tiene parte en eso? ¿Realmente hay una separación entre “Iglesia y Estado” en Israel?- me preguntó, acusadora.

 

-Sí… No… Es complicado”, tartamudeo, algo confundido. -Okay, la ley religiosa se nos impone en aspectos importantes de nuestras vidas -concedí- pero no solo a los judíos. Los drusos, musulmanes y cristianos también tienen que soportar eso. Que haya solamente casamientos religiosos no quiere decir que seamos una teocracia, la autoridad del establishment religioso proviene de una Kneset electa democráticamente, e irónicamente son los judíos los que se quejan de ello con más fuerza, pues los no ortodoxos se sienten privados de derechos.

 

-Mientras que en América tienes toda la libertad que puedas desear- persistió. -Así que, ¿para qué precisas de un Estado judío?

 

El Día de Recordación del Holocausto recién había pasado, también Durban II, por lo que me sentí tentado a responderle con lo obvio, pero habría sido demasiado fácil y no habría respondido la pregunta que ella me hacía. Por suerte también acababa de terminar Pésaj y eso me ofrecía un ámbito de respuesta completamente diferente.

 

-El otro día compraba comida cuando de pronto hubo casi un motín en el supermercado- le conté. Su mirada socarrona me hizo continuar. -Era justo antes del Séder y el gerente del negocio había puesto a la venta un contenedor lleno de cajas de 5 kilos de matzá a un shekel por caja hasta terminar el stock. No duró mucho. Solo en un Estado judío puedes ver hombres, mujeres y niños de cien países diferentes tirándose unos encima de otros para ahorrar $6 por una caja de cartón llena de algo con gusto a cartón cuando todo alrededor está lleno de delicias por las cuales habrían pagado con gusto 60 veces ese dinero.  Cuando pude salir de entre la pila de gente (victorioso, debo decir), me di cuenta de que estaba haciendo compras al son de la música de “Jad Gadiá” así como de otras melodías de Pésaj que contribuían al ambiente de fiesta.

 

- Suena como Navidad acá - dijo.

 

-Exacto -repliqué. -De todos modos, no solo la matzá desapareció. Habían quitado o tapado todo lo que no fuera kasher para Pésaj.

 

-Entonces se persigue a los que no cumplen con la fiesta…

 

-¿Se los persigue?- protesté. -¿No te parece mejor “se los obliga a soportar algunas molestias”? Eso hasta podría aceptarlo alegremente. Hay una ley – de vuelta, aprobada por la Kneset – que prohíbe la exhibición de jametz en barrios judíos durante el feriado. Puedes venderlo, puedes comprarlo, simplemente no puedes verlo.

 

-¿Y eso no te parece ofensivo?

 

- Personalmente, prefiero por lejos vivir donde no pueda ver pan por una semana que donde me tienten por mucho más tiempo con chocolates, huevos y conejos de Pascua a cada paso.

 

- ¿Acaso Pésaj en Israel no está comercializado? – me dijo desafiante.

 

- Por supuesto que sí, pero es eso precisamente lo que trato de decirte. Solamente en un Estado judío hay avisos meses antes de la fiesta ofreciendo descuentos en cocinas a ser instaladas antes del Séder para no tener que limpiar de arriba a abajo la antigua. En los diarios avisos a toda página diciendo: “El hijo inteligente, ¿dónde compra?”, haciendo un juego de palabras con los cuatro hijos de la Hagadá. En los sitios web se promocionan vacaciones con séder incluido a precios más altos, lo que ya se convirtió en parte del ritual festivo. Las escuelas, las instituciones públicas y los negocios cierran toda la semana y ya antes de cerrar su ritmo de trabajo baja, por lo que un mes antes de Pésaj nadie promete nada hasta “después de las fiestas”, una buena excusa para dejar las cosas para más adelante, que cualquiera que lo haya vivido sabe que no tiene sentido discutir.

 

- ¿Es a eso a lo que se redujo Pésaj en tu Estado judío – tiempo libre para no trabajar?

 

- Y a colas insoportables en la peluquería – agregué, dejándola totalmente confundida. – Así como en los lavaderos de autos.

 

- ¿Eh?

 

- Después del Séder empezamos a contar el Omer, siete semanas en las que tradicionalmente los judíos no se cortan el pelo, (la explicación completa está en Google). Así que de pronto todos precisan un recorte al mismo tiempo. Y lo mismo con los coches, bueno, toda la gente hace un alboroto sobre limpiarlos igual que hacen con sus casas, sean observantes estrictos o no.

Pero una vez que la locura de los preparativos queda atrás,  me siento libre de sentarme tranquilamente en mi jardín. Las lluvias ya se fueron así como nuestros rezos pidiendo por ellas, y  aprecio profundamente los primeros frutos que brotan de mi higuera y las tiernas hojas de parra que salen de mi viña – todo en perfecta armonía con el antiguo ritmo natural autóctono de esta antigua tierra de mis antepasados  descripto en glorioso detalle en la antigua lengua del Cantar de los Cantares.

 

- Parece que realmente encontraste la plenitud en ese Estado judío del que estás tan orgulloso – admitió, sin esperar mi respuesta.

 

- Hay algo que nos hace falta– confesé con un suspiro.

- ¿Y eso es…? – me preguntó  curiosa.

 

- Un Moisés moderno, de hoy en día – contesté. – Uno que implore tratar  con justicia y sensibilidad a los extraños entre nosotros – palestinos, trabajadores extranjeros y refugiados de Darfur por igual – alguien que nos ruegue que recordemos que nosotros, también, fuimos una vez extranjeros en tierra extraña.

 

Alguien que nos grite que nuestro mismo derecho a estar acá se basa en nuestra aceptación de la responsabilidad recibida cuando todavía estábamos del otro lado del Jordán, la de crear una sociedad que se haga cargo de las viudas, los huérfanos y los oprimidos entre nosotros. Un profeta apasionado que nos corrija por proclamar en el Séder “todo el que tenga hambre que venga y que coma”, mientras que al día siguiente no hacemos nada por aliviar el infortunio de aquellos menos afortunados que nosotros.

 

Todo esto podrá no ser paliativo suficiente a la vitriólica diatriba de Ahmadinejad en Ginebra ni alimentará las maniobras diplomáticas de Netaniahu, pero tal vez pueda satisfacer a mi hermana y a todos aquellos que quieren comprender qué es lo que queremos decir los que vivimos aquí cuando hablamos de un Estado judío, y porqué es tan significativo para nosotros celebrar su independencia.

(1) El Dr. David Breakstone es Jefe del Depto. de Actividades Sionistas de la Organización Sionista Mundial. El artículo fue publicado en inglés el 27 de abril de 2009 en el Jerusalem Post. Para acceder al artículo original siga el link a continuación:

 

http://www.jpost.com/servlet/Satellite?cid=1239710806046&pagename=JPArticle%2FShowFull

 

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