URUGUAY - ISRAEL [17/08/2006] Por Nahum Bergstein
Por Nahum Bergstein. Artículo publicado en El Observador 17.08.06
Siempre creímos que la profunda relación de amistad entre Uruguay e Israel – dos países construidos por generaciones de inmigrantes y sus descendientes- integraba una política exterior de Estado que estaba al abrigo de cualquier contingencia. Es una relación de amistad de antigua data, más vieja que la creación del propio Estado de Israel, y arraiga en principios y valores que hacen a la identidad nacional. Cuando las Naciones Unidas aprobaron el Plan de Partición por el cual se creaban dos Estados, uno judío y otro árabe, Uruguay, a través de su representante Enrique Rodríguez Fabregat, tuvo un rol de singular importancia como coautor, informante y negociador del propio Plan. En definitiva, nuestro país estaba defendiendo esos principios y valores a que hacemos referencia, por lo que no es de extrañar que en las Naciones Unidas –integrada entonces por una mayoría de países democráticos- llegamos a tener un protagonismo diplomático que nunca más se logró, ni antes ni después. Nuestra singular relación de afinidad con el naciente Estado de Israel marcó desde entonces el rumbo invariable de nuestra política exterior en el Medio Oriente, al punto de entenderse inamovible. Sin embargo, en el largo mes transcurrido desde que Hezbollá, el “Partido de Dios”, cruzara la frontera del Líbano con Israel para emboscar una patrulla israelí matando a ocho soldados y secuestrara a los dos restantes, algo sustancial cambió en nuestra relación con Israel y ya nada es lo mismo. En efecto, fueron suficientes cuatro días desde el inicio de las hostilidades para que nuestra Cancillería, con fecha 17 de julio, ante la “crisis bélica entre Israel y la población del Líbano, “resuelva” llamar a un alto el fuego inmediato y a la iniciación de conversaciones de paz bajo supervisión de Naciones Unidas”. ¿Hezbollah nada tiene que ver con esa “crisis bélica”? ¿quién garante que no sigan lloviendo misiles sobre ciudades israelíes?, ¿alguien en nuestra Cancillería tiene idea de lo que es el movimiento islamista al cual pertenece Hezbollah y cuáles son sus objetivos? ¿Y qué pasa con los soldados secuestrados?, ¿sobre qué va a discutir Israel con una organización terrorista como el Hezbollah en las conversaciones de paz?, ¿se tomó en cuenta el rol que está desempeñando Irán y, en menor medida, Siria? Y lo más grave: ¿la crisis de Israel es con el pueblo libanés?. Tengo a la vista el e-mail con el texto de la carta de Hassan Hamud Ben-Liban, cristiano maronita hijo de inmigrantes españoles, quien vive en el barrio norte de Beirut y expresa “….estoy sufriendo los ataques israelíes al igual que todo el resto del Líbano. Por suerte se va a terminar pronto y tendremos un Líbano libre. Este sufrimiento a ataques aéreos israelíes es mucho menor al que estamos sufriendo bajo el terrorismo de Hezbollah….” O me remito a la declaración del congresista libanés, también cristiano, Boutros Harb: “Tenemos que decidir quién tiene en el Líbano el derecho de tomar las decisiones de guerra o paz. Si ese derecho está reservado al pueblo libanés y sus instituciones legales o la elección está en manos de una pequeña minoría..” (Thomas L. Friedman). Con fecha 10 de agosto nuestra Embajada en Israel en un Comunicado a todos nuestros compatriotas informa que ha decidido suspender los actos de conmemoración de la Declaratoria de la Independencia, tanto para las Autoridades israelíes, el Cuerpo Diplomático y la colectividad uruguaya en Israel, y en su lugar dedicará la jornada del 25 de agosto a “reflexionar sobre el significado de la paz y la convivencia entre vecinos”. Nadie se traga esta píldora. Se puede reflexionar sobre esos temas cruciales los 365 días del año, incluso el 25 de agosto y en todas las Embajadas uruguayas en el mundo, sin necesidad de suspender los actos de conmemoración de la Declaratoria de nuestra Independencia. Este Comunicado tiene, más bien, la apariencia de un mensaje subliminal que pretende traslucir le disconformidad del gobierno uruguayo con Israel y el subsiguiente enfriamiento de las relaciones bilaterales. En otras palabras, en Israel ya no habría lugar para conmemoraciones patrióticas de carácter oficial. No es todo. Al día siguiente del Comunicado de nuestra Embajada, o sea el 11 de agosto, cuando el Consejo de Seguridad de las UN aprobara unánimemente –Venezuela todavía no integra dicho organismo- una resolución que no elude los hechos que desataron la crisis y plantea una solución integral que las partes aceptaron, Uruguay aún tuvo tiempo en el Consejo de Derechos Humanos de las NU, para acompañar una propuesta mayoritaria de los países musulmanes condenando a Israel, la cual fue votada en contra por los países del primer mundo (Unión Europea, Canadá, Japón, etc.) porque, según las agencias telegráficas, ni se menciona el lanzamiento de los misiles de Hezbollah contra las ciudades israelíes. En resumidas cuentas, el Gobierno debería explicar cuál es el interés nacional involucrado en este apartamiento de lo que ha sido una constante de la política exterior del país por más de medio siglo, para que el sistema político y la ciudadanía en general conozcan los motivos que determinaron este nuevo rumbo en un tema cuyas implicaciones trascienden al Medio Oriente. Mientras tanto, la política exterior de Estado, uno de los grandes logros de nuestra reinstitucionalización democrática, seguirá cayendo en pedazos.
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