SESENTA AÑOS GLORIOSOS DEL ESTADO DE ISRAEL [27/10/2008] Artículo de Bernardo Olesker, Presidente de Honor de la Organización Sionista del Uruguay
Cuando se están cumpliendo sesenta años de la declaración de la independencia del Estado de Israel, se hace propicia la ocasión tan especial para hacer algunas reflexiones, sobre todo lo que tiene que ver con la contribución de las colectividades judías del mundo para lograr este evento.
Dicho así parece la página de una historia más de las tantas que escribieron pueblos en el mundo para lograr con sacrificio obtener su independencia.
La historia del pueblo judío es sin embargo distinta.
Un pueblo diseminado durante dos mil años por el mundo, perseguido y discriminado, no pierde su identidad y lucha en condiciones adversas por su existencia y su retorno a su patria ancestral.
La historia es larga e interminable, comunidades dispersas por el mundo, un mundo con características diferentes a las que se integran las comunidades judías y adquieren sus costumbres, su lenguaje y su idiosincrasia. Con esa realidad y en estas condiciones el pueblo judío no perdió su identidad, su religión, sus tradiciones y sus plegarias dirigidas siempre a Jerusalem.
Nosotros en Latinoamérica fuimos desde siempre una comunidad cálida, luchadora, profundamente judía y cuando las condiciones nos permitieron, nos volcamos al ideal sionista.
Nuestras comunidades, sus instituciones a nivel de educación judía, de tradiciones que formaron nuestros hogares y la formación intelectual y moral de nuestros hijos, pasaron siempre por las tnuot, las escuelas –primero complementarias, luego integrales-, los templos, las kehilot, los servicios sociales, los partidos sionistas, todo ello impregnado de ideal sionista.
El Uruguay no fue una excepción, diría que más bien fue una colectividad que marcó un ejemplo en la constelación de las comunidades judías de América Latina. Un movimiento sionista profundamente arraigado en las raíces de las familias judías se proyectó desde siempre en apoyar primero el ideal sionista y después el aporte invalorable del Uruguay a la creación del Estado de Israel.
Sin duda que escribir en esta nota todo lo que la colectividad judía hizo con la modestia de sus posibilidades y lo que el Uruguay hizo para el resurgimiento del Estado de Israel sería imposible. Prefiero decir que más de la mitad de la colectividad judía hizo aliá, vive en Israel y sigue conservando un cálido recuerdo del Uruguay.
¿Porqué? Porque encontró un país que no solo les abrió los brazos para acogerlos y hacerlos olvidar que eran inmigrantes sino que los acompañó en todo momento, cuando vivimos las dramáticas situaciones de la guerra y cuando después de ella nos jugamos la vida para conseguir la independencia del Estado de Israel.
Hay una lista interminable de hombres y mujeres, políticos, intelectuales, dirigentes sindicales y sobre todo la gente, los amigos de la calle, del trabajo, de las universidades, todos brindando su apoyo al movimiento sionista en su lucha de todos los días para apoyar a nuestros líderes que trabajaban incesantemente por la consecución de nuestra causa.
Sin duda no fue una casualidad que surgiera en el Uruguay un hombre de la talla del Profesor Enrique Rodríguez Fabregat. Sabemos muy bien que en el mundo judío y especialmente en Israel y seguramente en la colectividad judía del Uruguay Rodríguez Fabregat es un ídolo inolvidable. Pero Rodríguez Fabregat es el resultado de un sentimiento que existió y existe en este país.
Conocimos a Rodríguez Fabregat y tantas otras ilustres personalidades uruguayas que asumieron el ideal sionista como propio y que hoy los deberíamos nombrar: presidentes, parlamentarios, ministros de Relaciones Exteriores, universitarios y tantos otros. Tuvimos el privilegio de conocerlos y a algunos de ellos tratarlos como amigos, pero lamentablemente el espacio no nos permite extendernos y sobre todo el temor de no nombrar a alguno nos impide hacerlo. Pero los tenemos en el recuerdo y quizás algún día escribamos esta historia que es de justicia.
También deberíamos escribir y referirnos a los grandes dirigentes sionistas que tuvimos en el Uruguay. Un movimiento sionista pujante que supo salir a la calle y reclamar los derechos inalienables del pueblo judío en momentos difíciles. La gente nos respondió y en las manifestaciones multitudinarias nos juntamos judíos y no judíos, rodeando tribunas donde se podía escuchar a prestigiosas figuras nacionales con encendidos discursos a favor de la causa del pueblo judío.
El Uruguay fue no solo uno de los arquitectos de la votación del 29 de noviembre de 1947 en las Naciones Unidas, fue también de los primeros países del mundo en reconocer al Estado de Israel.
Por todo ello, año a año, personalidades del Uruguay han sido galardonadas con el Premio Jerusalem, reconocimiento del Estado de Israel a figuras del mundo que apoyaron la causa de nuestra resurrección nacional. Desde que se instauró el Premio Jerusalem, el otorgamiento de esta distinción se ha transformado en un acontecimiento nacional.
Este año, cuando celebramos los sesenta años de la existencia del Estado de Israel, brindamos nuestro homenaje y reconocimiento a todos los que con su abnegado sacrificio se constituyeron en líderes que inspiraron, condujeron a las comunidades, cada uno en su lugar, para crear la cadena de oro del movimiento sionista que cristalizó en la resurrección y dignificación del pueblo judío en nuestra milenaria patria Eretz Israel – hoy Estado Judío con nuestra eterna capital Jerusalem.
En felicidad y paz. |