"Cómo servir a los judíos" [7/7/2010] Artículo del Dr. David Breakstone en el diario Jerusalem Post de Israel del 2 de julio de 2010
Las exigencias de que Israel demuestre un compromiso genuino con la paz para recuperar la simpatía de la gente culta e informada del mundo pueden estar mal encaminadas, aun cuando tengan razón.
The Twilight Zone que recientemente me hizo recordar mi amigo Brian. En él, alienígenas aterrizan en la Tierra y comienzan rápidamente a erradicar los males de la humanidad: hambre, enfermedad y guerra. Cualquier sospecha sobre sus intenciones se disipa cuando los terrestres comienzan a decodificar el manual de los invasores, descubriendo que se intitula “Cómo servir al hombre”. Mientras la gente se apronta alegremente a abordar la nave espacial para visitar el pretendido paraíso del planeta alienígena, uno de los traductores trata de alcanzarlos frenéticamente, gritándoles desesperadamente “¡No suban a la nave! ¡“Cómo servir al hombre” es un libro de cocina!”.
Pero la advertencia llega demasiado tarde. La rampa de acceso se eleva y sin remedio ni esperanza los pasajeros son llevados a su destino de ser servidos, pero de manera diferente a la anticipada por las desprevenidas víctimas.
No estoy sugiriendo que los que nos instan a hacer sacrificios o a tomar riesgos en nuestra búsqueda de paz estén motivados por otra cosa que sus buenas intenciones y nuestro mejor interés. Pero en última instancia es nuestra responsabilidad, no suya, el asegurarse de no terminar horneados en el proceso. Mientras tanto, creo que lamentablemente están malinterpretando las intenciones de quienes se han amontonado en nuestras fronteras.
La invasión alienígena que estamos tratando de evitar no está dirigida a defender los legítimos derechos humanitarios de los sufrientes palestinos (reprimidos mucho más por su propio régimen que por el nuestro), sino más bien a deslegitimar la propia noción de una nación- estado para el pueblo judío. Mientras el mundo árabe no acepte en forma pública la nobleza de su reivindicación, el sionismo seguirá siendo condenado por racista, equiparado con el apartheid y desacreditado por colonialista, sin importar lo culta e informada que sea la sociedad que forjamos ni la forma progresista en que nos relacionamos con las minorías entre nosotros.
Hoy en día, la meta común de los que quisieran “servir a los judíos” de modo que no seamos pasto para nuestros enemigos debe ser proclamar de manera clara y fuerte, una y otra vez, que tener un estado independiente es nuestro derecho inalienable, así como lo es nuestro reclamo a vivir en paz dentro de fronteras defendibles, sin ser amenazados por aquellos que no pueden aceptar siquiera nuestra misma existencia. Al mismo tiempo, si bien debemos insistir en que no se nos puede juzgar con estándares morales más altos que los que se aplican a otros, necesitamos hacer el intento de superarlos.
En la lectura de la Torá de la semana pasada, Balak declara su enemistad con Israel con un llamado a Balaam, mezcla de mago y profeta, para que maldiga a nuestro pueblo. En vez de maldecirnos Balaam nos bendijo tres veces:” ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob; tus moradas, oh Israel!”. Al tiempo de que con una mano debemos proteger celosamente nuestra afirmación de soberanía, con la otra debemos continuar con nuestro deber sagrado de hacernos merecedores de esa bendición, para que los muchos que se han propuesto condenarnos al final nos canten alabanzas.
El autor es vicepresidente de la Organización Sionista Mundial y miembro del Ejecutivo de la Agencia Judía. |