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PALABRAS DEL PRESIDENTE DEL CCI ERNESTO KREIMERMAN
[26-7-2006]

Palabras del Presidente del Comité Central Israelita del Uruguay en el Acto de Solidaridad con Israel que tuvo lugar el 24 de julio de 2006

Buenas noches a todos, SHALOM!

 

Esta noche nos convoca la paz. Nos convoca la defensa del Estado de Israel, su identidad, su legitimidad histórica y su imperativo ético; y nos convoca la lucha contra las organizaciones terroristas.

 

Nos moviliza el inalienable derecho del Estado de Israel a vivir en paz, el mismo derecho que tiene el pueblo libanés, al que saludamos y nos solidarizamos en esta hora difícil, dolorosa. Dolor que nos debe permitir parir un tiempo nuevo, un Líbano sin Hezbollah, sin terroristas. Un tiempo nuevo como el que se abrió con Egipto tras la firma del tratado de paz del año 1979. En suma, para decirlo con mayor amplitud, nos convoca la conciencia democrática de los pueblos en la búsqueda de un destino propio.

 

Esta noche digamos, una vez más, en medio de esta crisis, en medio de la tristeza que nos impone esta guerra defensiva, digamos de modo pausado y firme, “Al pueblo del Líbano, SHALOM”. Desde Montevideo, para que se oiga con claridad, con firmeza y serenidad, SHALOM.

 

Y también digamos a Israel, 

en memoria de las víctimas del Holocausto,

 

de los que cayeron luchando en su nombre y en su derecho,

 

en memoria de los uruguayos judíos que dieron lo mejor de sí, sus vidas, combatiendo en defensa de Eretz Israel,

 

en memoria de Enrique Rodríguez Fabregat, como símbolo de ese Uruguay que se puso de pie junto a la causa judía sin olvidar el derecho del pueblo palestino a su patria,

“ISRAEL, SHALOM”.

 

Vivimos un tiempo difícil, complejo, donde la imagen y el sonido ha desplazado al razonamiento, a la reflexión, a la inteligencia. Un tiempo donde los datos desplazaron a la información, y las ocurrencias a las ideas. Vivimos un tiempo de tecnología, donde la construcción de percepciones ha desplazado al análisis, que ahora luce fragmentado y parcial, ausente de esa condición abarcativa, global, integradora, que es necesaria para poder entender lo que estamos viviendo hoy. Vivimos un tiempo de cortoplacismos, de hegemonía de la cultura del flashback, de 20 segundos de imagen en un informativo televisivo donde tanto cabe una guerra, con sus tanques y sus muertos, como el desliz de una modelo.

 

Es una ironía del destino, que a comienzos del tercer milenio del calendario gregoriano, vivir el encantamiento de la superficialidad. Hoy un niño de sexto año de escuela ha incorporado más conocimientos y abstracciones que un hombre común de la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, ese amplio universo de los conocimientos del hombre de esta época no se ha expresado en una mayor profundización de su análisis, de su comprensión de los dilemas de este tiempo. Recuerdo que hace algunos años, en medio de una discusión filosófica interesante, nos advertía: el siglo XX ha sido el siglo de los derechos humanos, el siglo XXI será el de la ética y el compromiso. Ambos están debilitados, y eso es parte de nuestros problemas del siglo en que nos ha tocado vivir.

 

Es en este contexto que tenemos que levantar nuestra voz, ensayar nuestro mensaje, procurando que se nos entienda, se nos comprenda. Buscamos que las actitudes principistas de las sociedades democráticas se levanten por encima del oportunismo, de las promesas y vanidades, de los atajos políticos, de las dudas y de los temerosos a condenar el terrorismo. Apelemos a la valentía de los pueblos y de sus dirigentes, que en el pasado reciente combatieron las dictaduras y junto a ellos, junto a todos, hagamos oír nuestras voces contra el terrorismo. Medio Oriente vive la dictadura del terrorismo que actúa, con base local y proyección global. Su odio a la diversidad, a lo diferente,  se disfraza con el discurso de otros anacronismos más propios de otras tierras y convergen en el deseo de un mundo que ya no existe, que nunca existió.

 

Esta crisis es impulsada por los mismos que volaron la sede de la Embajada del Estado de Israel en Buenos Aires, los mismos que colocaron una bomba en la sede de la AMIA. Este Hezbollah de hoy es el mismo que hace 14 y 12 años cometió dos atentados en el Río de la Plata. Este mismo grupo que se autodenomina “PROIRANI” y que la corrupción imperante en la Argentina premió con la impunidad, mostró su cara real, su despiadada saña sembró de muerte y sangre a Buenos Aires. De aquella impunidad nacen las bombas de Hezbollah de hoy. El estruendo de esas mil bombas, que sembraron destrucción y muerte, no fueron suficientes para encender una luz de alerta global.

 

Aquellos barros, trajeron estos lodos.

 

Esta crisis, esta guerra, triste guerra, no ha sido buscada ni era un objetivo de Israel. Ha sido resultado de definiciones estratégicas de un grupo terrorista que integra el gabinete del primer ministro Fuad Siniora. Así lo ha dicho explícitamente la Ministra Libanesa de Asuntos Sociales, Nayla Mawad. En un reportaje que publicó ayer el diario El País, la periodista Silvia Pisani le pregunta, y leo textual: “Hay quienes afirman que muchos en el país sabían que la milicia de Hezbollah se estaba armando y preparando para el combate, de modo que ahora no podrían mostrarse sorprendidos”. Y la ministra, con la honestidad que no han tenido otros, respondió discreta y lacónicamente: “Lo que puedo decirle es que su líder, Hassan Nasrallah, sabía de la expectativa que teníamos en esta temporada. Dijo que la respetaría pero no fue así”.

 

Qué hizo Hezbollah desde el retiro de Israel del Líbano? Armarse, prepararse para otra guerra. Irán, su inspiración ideológica fue también su proveedor de armas. Es el mismo Irán que quiere desarrollar tecnología nuclear. El mismo que se negó a entregar a INTERPOL sus funcionarios diplomáticos acreditados ante la Argentina sospechados de ser los autores materiales del atentado contra la AMIA.

 

Es triste, pero es así. Es doloroso hoy. Pero en verdad, es doloroso desde hace ya algún tiempo…mil bombas se lanzaron en el último año sobre Israel desde territorio libanés con la indiferencia del gobierno del Líbano y la indiferencia del mundo. Cuando Hezbollah se armó lo suficiente, ideó un acto terrorista, de tal grado que fuera la gota que desbordara el vaso, de modo de llevar la situación a extremos intolerables, que obligara a una reacción. No podía ser una bomba más, un atentado más. Debía ser algo ante lo cual no se pudiera mantener una actitud vigilante. Entonces secuestró, en territorio israelí a dos jóvenes militares judíos, siguiendo una línea de acción PREMEDITADA y COORDINADA con el Jeque Jáled Máshal, el líder de Hamas que reside en Damasco, quien jugando el rol de vanguardia mandó a secuestrar primero a otro soldado israelí en territorio de Israel y en el mismo acto asesinaron a sus compañeros de patrulla. Los partes sobre el estado de salud de estos chicos salen de Damasco.

 

Hezbollah lanzó su guerra. Y como veíamos recién, desoyendo incluso el pedido del propio gobierno que integraba, como lo ha dicho la Ministra de Asuntos Sociales, lo que demuestra que en el gabinete libanés este tema se hablaba, y se habló no pocas veces…pero con resignación y no con autoridad.

 

El relato de hechos posteriores nos llena de dolor, nos llena de tristeza. De nada han valido las señales de advertencia lanzadas en los últimos meses. Parece que en los últimos años el mundo se conforma con declaraciones ambivalentes, vacías de contenido, pura fórmula que apuesta a que no generen las reacciones de los provocadores de siempre, haciendo a un lado los principios que le dan sentido y pertenencia, en una suerte de “yo no fui”.

 

El relato de hechos posteriores nos duele. La zona de guerra se ha vaciado de gentes. En Israel,  huyendo de las miles de bombas que han caído desde el 28 de junio, ya miles han marchado hacia el centro y hacia el sur del país…buscando refugio en casas de familiares, de amigos, o donde lo haya. Se ha hecho con resignación ante la agresión terrorista que eligió el día y la hora de esta guerra que se anunciaba por parte de Hezbollah, de Hamas y de Irán. Al mismo tiempo, en el Líbano la población civil, víctima de estas mismas circunstancias, con la misma angustia en sus ojos, se ha visto obligada también a buscar refugio. El ejército israelí ha pedido esas evacuaciones, no son fáciles de entender, pero las propias circunstancias lo imponen. Son imágenes dolorosas, desgarradoras las que nos llegan desde Israel y desde Líbano; desde Líbano y desde Israel.

 

Desde aquí nos solidarizamos con ellos, con los unos y con los otros, del mismo modo, sin hacer diferencias, en el reconocimiento de una y otra diversidad. Ambos pueblos quieren la paz…y para ello es necesario erradicar el terrorismo. Es y debe ser, una tarea de responsabilidad compartida.

 

Ahora bien, qué podemos aportar desde Montevideo?

 

Poco y mucho…porque en esta hora, cualquier contribución a la paz, por pequeña que sea, es importante. Que el mundo sepa que aquí, en Montevideo, hay una sociedad democrática y una colectividad judía, que sin dudar, condena el terrorismo y se expresa por la paz, se solidariza con la sociedad libanesa víctima de Hezbollah, y reafirma, hoy y aquí, su adhesión al Estado de Israel.

 

Poco o mucho, pero desde aquí algo podemos aportar. Por ejemplo, afirmando que queremos una paz como la alcanzada con Egipto y no una de dos semanas como la que se firmó con Líbano en 1981 Que finalizó por el asesinato de su presidente Bashir Guemayel.  Levantando nuestra voz para decir que la paz se construye con compromiso y acciones concretas.

 

Ya sobre el final, quiero hacer una reflexión, más personal. Y la quiero hacer por la responsabilidad que nos toca en todo esto. Estoy convencido que tenemos que transmitirle a nuestros compatriotas cuál es la realidad de Israel, del país de los kibutzs y de la tecnología, cuales son sus virtudes y sus defectos como toda construcción humana. También tenemos que decirles lo que nos duele esta guerra y la inconsecuencia de algunos gobiernos en su conducta frente a los movimientos terroristas. Recordar que democracia no es solo una cuestión de formas y formalidades, es una cuestión de fondo. Para eso hay que dialogar, hay que debatir. Pero sin enojos y sin culpas. Serenos y firmes. Como uruguayos y como judíos. Con la cabeza atenta y el corazón palpitante, hablar con la razón, exhortando a la responsabilidad, y expresarlo con los mejores sentimientos.

 

 Estoy convencido que desde aquí podemos aportar algo positivo a esta hora. Algo más que declaraciones altisonantes, algo más comprometido con el futuro de paz que se merecen los israelíes y los libaneses. Por ejemplo, apoyando las iniciativas internacionales que procuren estabilizar la zona, garantizando fronteras seguras para Israel y democracia para Líbano. Si prospera esta iniciativa que se está definiendo en estas horas, para instalar una fuerza multinacional, con soporte de la OTAN o de base militar de similares condiciones potenciales, que desplace a Hezbollah y devuelva el control del territorio nacional del Líbano al primer ministro Fuad Siniora, entonces, habremos hecho una contribución a una nueva era de paz, asentada sobre nuevas bases. 

 

Paz para Líbano. Paz para Israel

 

Que no sepamos más de dolor.

Muchas Gracias.

 

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