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PALABRAS DEL EMBAJADOR DE ISRAEL YOEL BARNEA
[5/11/2006]

PALABRAS DEL EMBAJADOR DE ISRAEL, YOEL BARNEA, EN EL ACTO DE RECORDACION DE YITZHAK RABIN

Once años pasaron desde que una mano judía se levantó para asesinar un Primer Ministro israelí, una mano asesina que pensó matar una cierta visión, un cierto pensamiento, una cierta ideología, asesinando a aquel, Yitzhak Rabin, que personificaba esos principios.  El asesino quiso fijar las pautas políticas de Israel y sus prioridades por intermedio de la violencia, por una vía que es totalmente opuesta a los principios milenarios de la tradición judía, donde la vida es el valor máximo, y la eliminación física y violenta se contradice con los principios humanistas y democráticos del Estado de Israel.

 

Rabin, en conversaciones con líderes de países amigos, compartía su visión de los peligros que acechaban, y lo siguen haciendo hoy, al Estado de Israel.  En sus palabras, hablaba de un “casamiento entre extremistas y misiles”.  El comprendió que Israel necesitaba una paz estratégica, un círculo de paz y entendimiento con otros países y corrientes de la región, a fin de aislar y debilitar a los extremistas.

 

Este objetivo no ha sido logrado hasta hoy en día, aunque hay más y más voces en la región que rechazan el extremismo, pero del otro lado aún siguen reforzándose las visiones extremistas personificadas por el “eje del terrorismo y del mal” liderado por Irán, Siria, Hizbollah y Hamas.

 

Yizhak Rabin, apoyado por líderes valientes y soldados de la paz como el rey Hussein, tuvieron el coraje de defender posiciones caracterizadas por una verdad cruda pero clara:  no habría seguridad en el Medio Oriente sin justicia y equidad para todos los pueblos de la región; llegó el momento de reforzar las esperanzas para todos, y no aprovecharse de sus miedos, de tender un puente sobre el odio y lo que nos divide, para encontrarnos en lo que nos une y así poder realizar la promesa genuina de la Tierra Prometida – una vida pacífica y estable para todos los pueblos allí residentes.

 

Rabin y sus asociados de la región sabían que extremistas tratarían de descarrilar los acuerdos de paz y el proceso de negociaciones, reforzando el miedo y la frustración, la desconfianza mutua y la miseria que dominaban la vida de palestinos e israelíes.

 

Desgraciadamente, en estos 11 años desde su asesinato, la profecía Rabínica se realizó y hoy las visiones extremistas en el campo palestino, parte del mundo árabe y hasta llegar a las declaraciones despreciables, horrendas e inaceptables del presidente iraní – siguen gobernando la situación y las posiciones que predominan en el Medio Oriente.

 

Hoy, los pueblos del Medio Oriente tienen aún la posibilidad, la oportunidad de construir la paz soñada por el ex Primer Ministro Rabin, una paz con seguridad para todos, aislando los extremistas, debilitando sus capacidades de destruir la paz con terrorismo, con misiles o con armas de destrucción masiva.  Pero no es una certeza, es solamente una oportunidad, una posibilidad, que todos los pueblos del Medio Oriente no tienen derecho de perderla.

 

Cuando el hombre termina sus días y se vuelve polvo, nuestras diferencias en vida desaparecen.  Lo que queda es nuestro legado.  Y el legado de Yitzhak Rabin sigue en pie:  obtener una paz con derechos y respeto para todos los pueblos del Medio Oriente, una paz consensual, una paz donde no haya ganadores y perdedores, sino  que todos salgan ganando, una paz donde la madre israelí o la madre árabe no tenga que enterrar a sus hijos y podamos compartir, israelíes y árabes, israelíes y palestinos, nuestros logros y nuestros éxitos, luchar juntos frente a los desafíos de bienestar y prosperidad para nuestros pueblos y nuestras sociedades.

 

Hay quienes piensan que hoy en día, cuando ya pasaron once años del terrible y traumático asesinato de Yitzhak Rabin, debemos concentrarnos menos en el “Hombre Rabin”, en la persona de Rabin y su legado, para dedicarnos en analizar el significado de este asesinato a nivel nacional.

 

Estas proposiciones  preconizan que las instituciones del Estado de Israel, y principalmente en el ámbito educacional, deberían definir el 12 del mes hebreo de Jeshvan no solamente como el día donde recordamos a Rabin, su vida, sus contribuciones al país y al pueblo judío y su legado – sino como el “Día de la  democracia israelí”, donde deben debatir temas como la cuestión de elaborar caminos para tratar positivamente las grietas, las fisuras, las divisiones en el seno de la sociedad israelí, sin odio, sin violencia, en una forma que no dañe y no destruya las bases de nuestro HOGAR COMUN.

 

Todo esto para educar a las jóvenes y menos jóvenes generaciones a ciertas “reglas de juego” permitidas y otras totalmente prohibidas, para evitar que la agitación, el odio, el extremismo interno, puedan asesinar seres humanos y tentar de matar ideas y posiciones políticas o ideológicas.

 

Es preocupante que en una encuesta publicada hace algunos días, un tercio de la población israelí apoya la idea de darle amnistía al asesino de Rabin.  Este es un mensaje muy serio y grave y nos debería llevar a reflexiones muy profundas.

 

Es de esperar que tienen razón aquellos que mantienen que el pueblo israelí aprendió su lección:  que agitación, odio manifestado por palabras, tienen la potencialidad de llegar a los actos y al extremo del asesinato político de un Primer Ministro.

 

Es de esperar que tienen razón aquellos que piensan que el asesinato de Rabin ha dejado sus marcas y sus huellas sobre la sociedad israelí y sobre su dirigencia y en consecuencia esta sociedad es más prudente en sus  comportamientos políticos, en sus declaraciones, en sus visiones.  Como extremismos existen siempre, brotes de posiciones e ideologías que violan las “reglas del juego” democrático y de libertad de expresión – deben ser frenadas en sus albores – para prevenir tragedias en el futuro.

 

Ya el salmista lo dice “Haz el bien, busca la paz y persíguela”.  No debemos endurecer nuestros corazones frente a todo aquello que hemos perdido en el pasado, sino preparar nuestros corazones para recibir lo que podemos y debemos ganar y obtener en el futuro.

 

Y no debemos perder la fe en ese futuro mejor.  El poeta Shaul Tchernichovsky, citado también por Yitzhak Rabin, dijo:

 

“Creo en el futuro.  Llegará el día en que la paz y la bendición serán difundidas  de nación en nación”.  E Yitzhak Rabin agregó “Quiero creer que ese día no está muy lejos.”

 

Hagamos todo lo que esté en nuestras manos para que las esperanzas y los sueños de Yitzhak Rabin, que son también los nuestros, se realicen lo más brevemente posible, para el bien de todos los pueblos del Medio Oriente.

 

Bendita sea la memoria de Yitzhak Rabin z”l.

Muchas gracias.

 

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