Palabras del Presidente de OSU Dr. Gerardo Stuczynski [28/11/2006] Palabras del Presidente de la Organización Sionista del Uruguay Dr. Gerardo Stuczynski en ocasión de la Celebración de Jerusalem y Entrega del Premio Jerusalem 2006
Este ha sido un año muy particular.
Por motivos por todos conocidos, hemos debido postergar este festejo del Día de Jerusalem y la entrega del Premio Jerusalem que realizamos desde hace 17 años en forma ininterrumpida, la Organización Sionista del Uruguay, representando a la Organización Sionista Mundial, conjuntamente con la Municipalidad de Jerusalem. Lo concretamos en una fecha inusual, pero sin embargo, cargada de significado.
Un 29 de noviembre de 1947 fue aprobada por las Naciones Unidas una propuesta que tuvo al Uruguay como protagonista y a Enrique Rodríguez Fabregat como uno de sus principales impulsores. Se votó la partición de Palestina, un territorio donde vivían árabes y judíos, con el propósito de establecer dos estados que convivieran en paz, uno junto al otro.
El pueblo judío, que emergía de las cenizas del holocausto, celebró alborozado la reconquista de la soberanía en su patria ancestral, con lágrimas en los ojos y danzas en las calles. Lamentablemente los árabes rechazaron la resolución y sus ejércitos invadieron al Estado Judío, apenas horas después de proclamada su independencia.
Esta agresión armada, la primera que vio el mundo después de la Segunda Guerra Mundial, puede parecer un evento lejano en el tiempo. Sin embargo no lo es. Porque no sólo explica el origen del conflicto árabe-israelí, sino también su continuación e intensidad y nos permite entender mejor las dolorosas noticias que nos llegan todos los días desde esa zona del mundo.
Si en la actualidad no existe un proceso de paz, no es por falta de una Hoja de Ruta. Todos sabemos cuál es la solución al conflicto: dos estados para dos pueblos. Israel acepta y siempre aceptó este principio. Desde la Declaratoria de su Independencia tendió a sus vecinos su mano de paz. Una mano que nunca dejó de estar tendida.
Hace sólo pocas horas el Primer Ministro Ehud Olmert volvió a realizar un generoso ofrecimiento para retomar las conversaciones de paz. Israel ha dado muestras concretas de querer avanzar en ese sentido. Ha realizado todo tipo de concesiones y se ha retirando unilateralmente de territorios.
Sin embargo, hasta ahora, no ha obtenido a cambio medidas recíprocas. Por el contrario, las tierras que evacuó son utilizadas como base para el permanente ataque con misiles e incursiones terroristas.
El Hamás en el gobierno palestino, el Hezbolah en el Sur del Líbano o la teocracia iraní, rechazan la idea de dos estados, porque esto implica reconocer el derecho de Israel a existir. El Presidente de un país con aspiraciones nucleares como Irán, Ahmadinejad, no se avergüenza en declarar abiertamente que el Holocausto no existió, que Israel es ilegítimo y que hay que borrarlo del mapa.
¿Y cómo reacciona el mundo? Alguna tibia declaración, alguna condena moderada...
Señoras, señores: Hitler manifestó su intención de aniquilar a los judíos en 1920, mucho antes de poder contar con los medios para hacerlo.
El presidente anterior de Irán, el supuestamente moderado Rafsanyani, del que ahora la justicia argentina responsabiliza por el atentado a la AMIA, en 2001 ya había expresado su deseo de eliminar a Israel con una bomba atómica. Como afirmó hace pocos días atrás en nuestro país el ex Presidente de Chile Ricardo Lagos: “Israel está más en peligro de lo que nunca ha estado”.
La ideología totalitaria que somete a la mujer, educa a los niños en el odio, se opone con violencia a la coexistencia pacífica, (no sólo con los judíos, sino con otras civilizaciones y culturas), es la causa de todos los males que aquejan a la región: de las injusticias, los refugiados, las guerras, el terrorismo. Es la misma que en el pasado produjo la invasión de Jerusalem y su división. Durante 19 años, ningún israelí, cualquiera fuera su creencia, podía visitar sus lugares sagrados.
Hoy conmemoramos 39 años de su reunificación. Después de la Guerra de los 6 Días se derribaron las barreras divisorias y las normas discriminatorias. Se consagró una total libertad de cultos y de acceso a todos los sitios venerados, que fueron restaurados y su administración conferida a los fieles de su propio credo.
En Jerusalem los cristianos reverencian los lugares donde Jesús vivió, predicó, murió y resucitó. Los musulmanes consideran a la mezquita de Omar, (que construyeron donde Mahoma ascendió a los cielos) como el tercer lugar más sagrado, después de La Meca y Medina.
Pero para los judíos, lo sagrado es la ciudad toda. Es su centro espiritual y cultural. Fue allí donde hace más de 4.000 años Abraham celebró el pacto con Dios, el sitio que David hace más de 3.000 años, eligió como capital de su reino. Es donde se erigieron los dos Templos que guardaban el Arca de la Alianza de Moisés.
Los judíos mantuvieron siempre vivo en su alma el anhelo de retornar a ella.
Los más observantes, cuando rezan, tres veces al día, lo hacen, mirando en su dirección. En las festividades las familias reunidas le entonan canciones alusivas. En recuerdo de su destrucción, se deja sin pintar una parte de la casa, en la ceremonia matrimonial se rompe una copa y se le dedican días especiales de aflicción.
Cuentan, que una vez Napoleón concurrió a una sinagoga uno de esos días. Al escuchar los lamentos preguntó porque lloraban los asistentes, le respondieron que era a causa de la destrucción de Jerusalem.
Y cuándo ocurrió eso? - preguntó Napoleón. Hace 2.000 años - le respondieron. Un pueblo que recuerda y llora por su patria durante 2.000 años, volverá a ella, profetizó el emperador.
Durante esos 19 siglos turbulentos, de conquistas y reconquistas de distintas civilizaciones, Jerusalem no fue más que una apartada localidad del imperio de turno. Nunca fue capital de ninguna otra nación. Sólo el pueblo judío la eligió como su capital en la antigüedad y nuevamente al renacer el moderno Estado de Israel.
Más que la capital política de Israel, Jerusalem es la capital eterna del pueblo judío.
El Dr. Ricardo Ehrlich estuvo en Israel, más precisamente en la Universidad Hebrea. Fue como hombre de ciencia, pero nos consta que allí, sintió en su corazón lo que significa Jerusalem.
La colectividad judía, en la fiesta en que celebramos su día, queremos reconocer a un ciudadano uruguayo, en este caso, al primer ciudadano de Montevideo, a su Intendente Ricardo Ehrlich, un militante activo en pro de los Derechos Humanos, un científico comprometido con la causa de la paz y la concordia entre los pueblos.
Como lo va a expresar más adelante en su mensaje el propio Alcalde de Jerusalem Uri Lupulianski, queremos manifestarle en este acto nuestra gratitud por su contribución a la profundización de las relaciones entre Uruguay e Israel. Dos países construidos por inmigrantes. Dos países que comparten los mismos valores: la libertad, la democracia, la convivencia pacífica, sin importar origen, religión o color de piel. Dos países cuya amistad se remonta a los inicios y que habrá de perdurar por siempre.
|