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Diputado Washington Abdala
[7/2/2007]

Palabras del Diputado Abdala en el acto de recordación del Holocausto judío en el Parlamento Nacional el 30/1/2007.

SEÑOR ABDALA.- Señor Presidente y autoridades del Comité Central, señores Ernesto Kreimerman, Saúl Gilvich, Miguel Brechner y algunos otros que puedo no recordar: este es un tema bien difícil para los parlamentarios cuando tenemos que enfrentarlo sin decir lo que es el lugar común,  porque hay un riesgo estrepitoso de arrimarse a la línea del lugar común y, al final, decir cosas que uno siente pero que no terminan por llegar a la gente.

 

            Como voy poniéndome más veterano, creo que cada vez hablo con más frontalidad, y tengo para mí la idea de que después de leer y releer sobre la historia y lo que ha sido el Holocausto, definitivamente hay que ser muy claro en estos temas.  Hay ideas que no son respetables y seres humanos que tampoco lo son, y uno, de una manera militante y a favor de la vida, debe confrontar y enfrentar. Cuando se habla del humanismo y de lo que significa la defensa de los valores humanistas, parecería que quienes estamos dentro de esa corriente llegamos a un punto en el que no podemos actuar con otro tipo de instrumentos. Entiendo que se puede ser un humanista y se debe actuar como debe hacerse. Max Weber en algún  momento nos enseñó que en las sociedades autorizadas, legales, legítimas, el Estado tenía el monopolio del uso de la fuerza. A veces, en el debate internacional, el uso de la fuerza parecería que no quedara muy claro.

 

En estos días he estado leyendo el borrador de un libro que los uruguayos van a conocer en poco tiempo, cuyas autoras son dos intelectuales uruguayas: Jimena Fernández y Claudia Pivel, quienes se han pasado un año entero realizando una tarea muy dura que tiene que ver con una familia de judíos sobrevivientes del Holocausto, instalados en el país, quienes cuentan su peripecia y su desgarradora vida en capítulos muy crudos. Pude leer parte de los borradores -prácticamente todos- y puedo decirles que no es literatura sencilla de asimilar. Hay momentos en que uno tiene que hacer un alto en el camino y respirar hondo para poder seguir leyendo porque, como se decía hace minutos aquí, termina siendo increíble lo que el ser humano puede hacer con el ser humano. Me mostraron los carnés que se tenían para estar en algunos malditos centros de reclusión y era difícil de concebir que el hombre pudiera llegar a ese tipo de extremos.

 

El señor senador Gallinal reflexionaba sobre Ana Benkel de Vinocur. A veces uno -y lo digo porque también se lo manifesté a otro gran amigo, Elías Bluth- va a reuniones por solidaridad con el pueblo judío, con Israel, y a menudo lo hace de manera protocolar; pero el año pasado fui a la reunión que se efectuó en el Comité Central, donde  expusieron cuatro veteranos, y fue como si me partieran un ladrillo en la cabeza. Probablemente fue la conferencia -o llámelo como usted quiera, señor Presidente- más impactante de aquellas en las que participé en mi vida; esos veteranos que estaban allí hacían un relato con mucha naturalidad, y uno no podía comprender cómo podían hacerlo frente a esos acontecimientos vividos. Después de pensar y repensar el asunto, me di cuenta de que uno estaba, en ese momento, delante de gente muy grande.  Recuerdo una escena en la que se levantó un veterano, estiró el brazo y mostró el número con la naturalidad feroz de un gigante que termina tomando perspectiva porque sabe que al final siempre la vida puede más. Fue un espectáculo en el que lloré mucho, y digo “espectáculo” porque fue de una dimensión espectacular, y esa es la verdadera acepción de la palabra.

 

Por todo esto hay que ser muy claro en la recordación del Holocausto. Y está bien que se den números, pero de lo que se trata es de entender cómo, increíblemente, el ser humano llega a esos extremos y cómo aún hoy hay actores y naciones en el mundo que están en esta misma postura.

 

Lo de Irán no es soportable; no se le debe admitir a ese país un talante de esa naturaleza. Convoqué al señor Embajador de Irán a la Comisión de Asuntos Internacionales de este Parlamento para solicitarle que me explicara cuál era el sentido de la actitud de aquel país, pero las explicaciones no resultaron satisfactorias.

 

Estuve en ese país hace unos años, durante la Administración anterior, cuando ejercía la Presidencia el señor Jatamí, quien hablaba del diálogo de civilizaciones y tenía un Canciller formado en Inglaterra. En esa visita tuve la impresión de que efectivamente había una línea del Irán vinculada a alguno de estos movimientos terroristas. Todos saben perfectamente a lo que me estoy refiriendo, porque se puede comprobar la asistencia de Irán al Hezbollah. En aquel momento tuve la convicción de que, en realidad, ese Gobierno estaba tratando de achicar ese escenario, intentando contener ese problema y, quizás, resolverlo. Hoy tengo la impresión y la convicción contraria; tengo la certeza de que Ahmadinejad y toda su pléyade de colaboradores, lo que están haciendo por ahora es insistir en la destrucción del Estado de Israel –su propio Canciller dice eso-, y en lo personal creo –y no estoy haciendo política chica- que va a llegar un momento en que nuestro país tendrá que hablar claro sobre estos temas. A veces nuestra Cancillería es elíptica, va y viene, pero no se trata de defender un plato de arroz, sino de defender los valores sustanciales que tiene el país. En lo que refiere a Israel, tenemos que tener muy claro este tema y contra Irán también tenemos que definir muy bien este aspecto y decir lo que sea pertinente en los organismos internacionales, en nuestra diplomacia parlamentaria y también en nuestra diplomacia activa. Insisto en que hay que actuar.

 

            Señor Presidente: cuando se comienza con esto de que nadie dice nada, pasan aquellas cosas que se ven a veces en la historia de la humanidad. Reitero que cuando se dice “Bueno, no importa, es la expresión de un loco que dice una barbaridad”, tenemos que tener en cuenta que resulta que el “loco” viene a América Latina y se reúne con otros Presidentes, algunos de los cuales son socios nuestros. Por eso digo que la diplomacia tiene algunos puntos de principismo que no debemos perder jamás. Al respecto, me gustaría que el Uruguay entero tuviera una postura mucho más firme sobre estos temas.

 

            El señor Presidente y quien habla en alguna oportunidad estuvimos conversando con quien hoy es Primer Ministro de Israel –en aquel momento era el Alcalde de Jerusalén-, y creo que lo recordará. Nunca me voy a olvidar cuando ese hombre se paró frente a una ventana, miró hacia afuera y nos dijo: “Por allá, en aquella zona, penetran los palestinos”. No estábamos hablando con el Alcalde; en realidad, estábamos hablando con un hombre que está en medio de una guerra. Esto es lo que, a veces, en el Uruguay no se termina de entender. Israel es un país, una nación, un Estado que está en guerra, señor Presidente, y tiene una concepción de defensa –eso es lo que uno no termina de comprender- que no es gratuita. Si uno mira al mundo islámico –y creo que conozco de él-, se ve complicado. Reitero que ese hombre nos dijo a unos cuantos colegas algo que me quedó grabado: que la paz  iba a sobrevenir cuando algunas generaciones que estaban en el protagonismo de aquella época –todavía algunas siguen- y chocaban mucho, fueran replegándose y viniera la generación de sus hijos. Nos contó que el hijo del Primer Ministro ya tenía una vinculación mucho más integral con la región; tenía negocios y actividades de todo tipo. Realmente, quiero creer que eso es así. Quiero creer que efectivamente Israel tiene derecho a tener algún día una nación libre, en paz, como la tienen tantos países del mundo.

 

(Aplausos en la Barra)

 

            ―Recién estaba hablando con un viejo amigo judío, de toda la vida, y le dije que hoy se realizaba este homenaje y lo invité a que viniera, por lo que espero que se encuentre entre nosotros. Él tiene a su hermana en Israel hace más de 20 años, y me imagino que es muy difícil vivir en una sociedad en la que uno termina internalizando el riesgo de manera permanente. Pienso que esto hace que la sociedad tenga un vértigo muy especial. Realmente, digo con mucho orgullo que ese país, en medio de una guerra, de amenazas explícitas e implícitas de muchos, es un ejemplo de esfuerzo, de tenacidad, de construcción democrática. A veces me pregunto si por ser bueno se lo castiga tanto; si por luchar tanto por la construcción de algo que en la región no es lo común, se lo castiga tanto.

            El señor Presidente sabe que quien habla es batllista y siempre ha sentido la hermandad con el pueblo de Israel. Lo que sucedió ayer con Eilat también me amargó la noche, porque es un lugar de verano, tranquilo, donde en los últimos tiempos habían pasado pocas cosas, prácticamente nada. Ahora, nuevamente se vuelve a las andanzas con ese sistema criminal y delirante, donde muere uno y al mismo tiempo mueren varios.

Como soy una persona de coraje, siento que estamos frente a una batalla dialéctica de los principios y en todos los terrenos. Lo que el Uruguay puede hacer desde este puntito austral es levantar su voz y proclamar un grito de alerta agudo diciendo que estamos a muerte con nuestros amigos de Israel, y cuando alguien levanta una insinuación planetaria, no se puede mantener …

 

(Aplausos)

 

El concepto central es estar donde debemos estar; defender lo que tenemos que defender, sin vergüenza, con orgullo, con convicción y del lado de los principios, que es donde siempre hemos estado. En la vida, en el amor y en todo, las medias tintas no sirven para nada.

           

Es cuanto tenía que decir.

(Aplausos en la Barra)

 

 

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