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Iom Ierushalaim - Palabras del Embajador Barnea
[13/6/2007]

PALABRAS DEL EMBAJADOR DE ISRAEL, YOEL BARNEA, EN OCASION DE LA CONMEMORACION DEL DIA DE JERUSALEM Y DE LA ENTREGA DEL PREMIO JERUSALEM EL 12 DE JUNIO DE 2007

 

Es con mucho placer que participo en este evento donde se otorga el Premio Jerusalem al Senador Sergio Abreu.

 

La vasta experiencia profesional y académica del Senador Abreu, como Canciller del Uruguay, Ministro de Industria, Energía y Minería, Senador de la República y Presidente de varias de sus comisiones, Primer Vicepresidente de la Cámara de Senadores, dos veces candidato a la Vicepresidencia de la República por el Partido Nacional, así como su vasta experiencia docente y académica, lo hacen muy meritorio del Premio Jerusalem de este año, un año muy especial, donde festejamos los 40 años de la reunificación de Jerusalem, capital eterna del Estado de Israel y centro espiritual del pueblo judío, dondequiera que se encuentre.

 

A estos tantos atributos y cualidades, debemos resaltar el estrecho relacionamiento del Senador Abreu con el Estado de Israel, a lo largo de toda su trayectoria y especialmente durante su desempeño como Ministro de Relaciones Exteriores en los años 1993-95.  Sus esfuerzos para estrechar los lazos de amistad y cooperación entre nuestros dos países han abarcado también el ámbito comercial y económico, siendo el Senador Abreu también Presidente de la Cámara de Comercio Uruguayo-Israelí durante varios años.

 

Por todas estas razones, nuestras más cordiales felicitaciones a usted, Senador Abreu, y nuestro sincero agradecimiento por su incansable labor para el bien de tantas causas que nos son comunes.

 

Este Premio Jerusalem ilustra y representa un mensaje de paz y comprensión y una voluntad que los problemas en nuestra región se resuelvan por medio del diálogo, de medios pacíficos y con concesiones comunes que tomen en cuenta las preocupaciones, las necesidades, los intereses y los derechos de todos aquellos para los cuales Jerusalem tiene un significado muy singular y único, para todos aquellos que quieren ver a Jerusalem como un centro del cual debe irradiar una visión de paz, tal como lo resaltaron los profetas en el relato bíblico.

 

Los principios que diseñaron la identidad del pueblo judío a lo largo de los siglos son también aquellos que diseñaron la identidad colectiva y la historia nacional del Estado de Israel – una cadena de coraje y de renacimiento único en los anales de la historia humana.

 

Desde la fundación de nuestro Estado, dos valores básicos formaron y reforzaron el carácter nacional de la población israelí.

 

El primer valor, que preconiza que Israel y Jerusalem como su capital y el corazón del pueblo judío, es la Patria Nacional de este pueblo, siendo el centro espiritual, religioso y cultural de nuestro antiguo pueblo, y paralelamente refugio frente a la discriminación, a la aniquilación y a la persecución

 

El segundo valor, que preconiza que Israel construye sus bases políticas y sociales sobre la democracia.  Los valores de justicia, paz y humanidad, expresados en primer lugar por los profetas de Israel, son parte integral del sentido de nuestra misión en la familia de las naciones.  Las decisiones que toma nuestro Estado y el Gobierno de Israel están guiadas por aquellos principios y  valores fundamentales sobre los cuales está basada la sociedad israelí.  Estas decisiones y las políticas que emanan de ellas, deben tomar en cuenta no solamente los intereses del Estado de Israel, sino también los intereses del pueblo judío en su conjunto.

 

Si queremos con esfuerzos reforzar y afianzar estos valores, debemos confrontarnos con desafíos mayores en tres frentes fundamentales, aunque de carácter diferente:

 

1°)  Como pueblo, debemos defender nuestro derecho básico a un hogar y una Patria Nacional.

 

 

2°)  Como judíos, debemos luchar contra los peligros y el odio primitivo y oscuro del antisemitismo.

 

3°)  Como miembros del mundo libre, debemos luchar en forma mancomunada, contra las fuerzas del terrorismo en nuestra región y fuera de ella y contra todos aquellos países y grupos que difunden y quieren aplicar soluciones extremistas, nocivas y destructivas, para resolver los agudos problemas a los cuales se enfrentan tanto Israel como la comunidad internacional.

 

Estamos luchando no solamente por nuestra existencia y seguridad física, sino por el derecho inalienable del pueblo judío, como todo otro pueblo sobre la faz de la tierra, a un lugar que nuestro pueblo pueda llamarlo como su hogar.

 

Estos tres frentes y desafíos se ilustran de una manera trágica y lamentable en el caso de Irán.  Israel, pero también todos los países del bien, estamos confrontados con un régimen que niega y se burla de la tragedia del Holocausto, pero paralelamente intenta obtener armas para ocasionar otro holocausto.  El Estado de Israel es, sin duda, uno de los objetivos de la política agresiva de Irán, que quiere su destrucción y su desaparición, pero el mundo tiene que saber que, desgraciadamente, no somos los únicos.  Las palabras y las acciones de Irán no son solamente una amenaza directa hacia el Estado de Israel, sino también una amenaza que no es menor, hacia otros países y continentes y representan un peligro inminente hacia los valores que la comunidad internacional pretende que son preciosos y fundamentales.

 

Si estos valores significan algo para la comunidad internacional – si la promesa de que nunca más se permitirá un holocausto como aquel perpetrado hace solamente sesenta años por el régimen nazi, si esa promesa es más importante que el precio del petróleo – entonces el momento de la indiferencia internacional, la vacilación y la indecisión de la familia de las naciones frente a la amenaza de Irán debe cesar, porque ya es tarde.  Se debe adoptar una política clara, decisiva e inequívoca, para que este régimen extremista iraní sepa claramente que algunas de sus decisiones podrán tener una repercusión extremadamente potente, de todos aquellos que no puedan aceptar que un país miembro de las Naciones Unidas quiera resolver la problemática del Medio Oriente por intermedio de la aniquilación física de otro miembro de las Naciones Unidas y la eliminación de sus habitantes, tal como pretendía hacerlo la barbarie nazi.

 

Hace solamente menos de un año experimentamos ya, a fin de cuentas, una confrontación entre Israel e Irán.  Es verdad que la guerra tuvo lugar en el Líbano, pero si la analizamos profundamente sobre la base de otros factores, fuimos testigos cómo un estado malicioso – Irán – y sus aliados – el movimiento terrorista Hizbollah – abusan de otro estado débil como el Líbano, a fin de llevar adelante una política radical y odiosa hacia el pueblo libanés y también hacia la población israelí en el norte de nuestro país.  Esta fue la guerra de Hizbollah, esta fue la guerra de Irán, no fue la guerra del Líbano ni tampoco la guerra de Israel.  No olvidemos que las principales víctimas de esta guerra en el Líbano eran civiles libaneses, que Hizbollah e Irán no dudaron en sacrificar sobre el altar de sus mezquinos y destructivos objetivos.

 

Los países árabes moderados deberían formar una coalición de estos países que, conjuntamente con otros fuera de la región, que quieren la paz y la comprensión en el Medio Oriente – todos estos factores deben unirse para evitar que Irán, con su política extremista, pueda perjudicar la estabilidad de todo el Medio Oriente y, por qué no, también fuera de esta región.  Esta coalición de países moderados debería luchar contra los peligros de un islamismo radical que manipulan y tergiversan las fuentes y las bases positivas de la religión islámica.

 

El problema del terrorismo es uno de los más importantes y peligrosos en el escenario internacional de la historia de estos últimos años.  Este terrorismo es utilizado en el conflicto básico entre moderados y extremistas entre aquellos que luchan contra el terrorismo y aquellos que cobijan y dan refugio a los terroristas, entre aquellos que toleran las diferencias y aquellos que quieren implantar visiones totalitarias, que buscan erradicar todo aquello que es diferente.

 

No hay proceso de paz en la historia, con resultados positivos, sin que cada protagonista haya reconocido la legitimidad del otro.   Es este principio y la esencia de la visión de la paz que debe unir israelíes, palestinos moderados y otros vecinos moderados en el Medio Oriente y fuera de él.  Esta visión se fundamenta sobre la base de dos estados democráticos, Israel y Palestina, viviendo uno al lado del otro en paz y seguridad – ésta es la base de cualquier solución aceptable para una paz genuina y verdadera, que toma en cuenta las necesidades, los objetivos y los sueños de cada una de las partes involucradas.

 

Esta visión no permite la existencia del fenómeno del terrorismo.  No hay justificación para exigir el derecho de autodeterminación para un pueblo y paralelamente rechazar el mismo derecho a otro pueblo.  Cada pueblo debe estar de acuerdo en renunciar a parte de su sueño, para hacer lugar a los sueños del otro.

 

Israel ya tomó su decisión en esta dirección.  ¿Van a estar los palestinos y sus dirigentes a la altura de este gigantesco desafío y elegir una solución que sirva  los intereses de su propio pueblo, rechazando aquellas visiones y posiciones que llevan a los palestinos al sufrimiento, al dolor y a la desgracia, conjuntamente con sus vecinos israelíes?

 

Israel no pierde la esperanza de poder llegar a una situación de paz con nuestros vecinos, pues estamos comprometidos, el gobierno de Israel y su población, hacia la paz.  El estancamiento y la paralización no es de nuestro interés y tampoco es nuestra política, pero paralelamente no podremos estar de acuerdo en sacrificar nuestros intereses más esenciales, a fin de obtener solamente una paz temporaria y ficticia que no sirva a los intereses de todos los pueblos de la región y que no contribuya a una estabilidad continua y permanente en el Medio Oriente y fuera de ella.  Israel escoge la esperanza, Israel elige la paz.  Queremos ser como dice nuestro himno, una nación libre sobre nuestra tierra, en la tierra de Sión y Jerusalem.

 

Reitero mis felicitaciones al Senador Abreu por este prestigioso premio.  El Senador Abreu se une a importantes personalidades del mundo político, académico, cultural y religioso en Uruguay, que fueron los receptores del Premio Jerusalem en los años pasados.  El Estado de Israel, por intermedio de su Embajada en Uruguay, continuará junto con todas las instituciones y personalidades como el homenajeado de esta noche, colaborando para la realización de proyectos de interés común en las diversas áreas de actuación, a fin de contribuir conjuntamente al progreso y al bienestar de estos dos pueblos hermanos y amigos y reforzar aún más los tan buenos lazos que nos unen,  En este contexto, estoy convencido que podremos contar con la experiencia, la sabiduría y la colaboración del Senador Abreu y de todos aquellos que ven en el Estado de Israel un pueblo amigo, a fin de obrar en conjunto para hacer de este mundo un lugar de paz y prosperidad, para las presentes y futuras generaciones.

 

Muchísimas gracias y buenas noches.

 

 

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